Fado: Hermosamente Triste



31 de Diciembre, Lisboa. Su encanto natural, el rio Tajo, con aspecto de mar, las calles de piedra bien puesta y pulida… Buscando el Fado. Por las ruinas del Castillo de San Jorge, un hombre con guitarra en mano y pidiendo que le escucharan. Habló de su historia, de su canto y de su inspiración. Ofreció un concierto en plena calle, bajo la luna, iniciando con Burbujas de Amor de Juan Luis Guerra en idioma portugués. Como algo mandado a hacer, dieron las 21:00 con el Fado, y todos pasaban mirando aquel hombre, deteniéndose, sin saber si les correspondía.

Una noche, un cigarro, un vino, una guitarra y una voz melancólica que salga de las entrañas con esa pizca de sufrimiento, es lo que se necesita para entender lo que es Fado. Casi imposible es leer su definición sin sumergirse en el llanto del dolor.

Fado, una música originariamente portuguesa, fascinantemente melancólica, este movimiento tan amargo, pero con ese sonido tan hermoso como si fuera una flor esparciendo su polen, surge, según documentaciones, a partir del 1838, aunque esta teoría va en contraposición de algunos que  dicen que su origen viene de gente que cantaba en los mares, inspirada por la soledad, la nostalgia y el balanceo de los barcos que chocaban con las olas.

Según describió el fado Amália Rodrigues (1920-1999), la cantante más famosa del siglo XX de este género,  “el fado es una cosa muy misteriosa, hay que sentirlo y hay que nacer con el lado angustioso de las gentes, sentirse como alguien que no tiene ni ambiciones, ni deseos, una persona…, como si no existiera. Esa persona soy yo y por eso he nacido para cantar el fado”. 

En noviembre del 2011, la Unesco inscribió a El fado, canto popular urbano de Portugal como integrante de la Lista Representativa del Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad.

Algunos interpretes:

· Ada de Castro.

· Adélia Pedrosa.

· Aldina Duarte.

· Alfredo Marceneiro.

· Amália Rodriguez.





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